Entre campos de cereal, encinas y almendros, esta casa de campo se asienta en el paisaje de Zafra de Záncara (Cuenca) como si siempre hubiera formado parte de él.
El proyecto del estudio Canobardin recupera algunos de los principios de la arquitectura tradicional manchega y los traslada a una vivienda sostenible y respetuosa con lo local.
Muros de gran presencia, patios resguardados, recorridos exteriores protegidos y una cuidada selección de materiales, dan forma a una casa pensada para convivir con el entorno y aprovechar todo lo que este ofrece.
Esta mirada vinculada a lo local y a los recursos de cercanía también estuvo presente durante la construcción, ya que fue desarrollada junto a profesionales y gremios locales. Un ejercicio de coherencia que pone en valor el conocimiento y el oficio del entorno, y una vía para que buena parte del valor generado por el proyecto permaneciera a pocos kilómetros de donde se levantó la vivienda.