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“Ser más viejo que Matusalén” es una expresión que has escuchado muchas veces. Hace referencia a un hombre que, según el Antiguo Testamento, tuvo su primer hijo a los 187 años, su primer nieto a los 369 y que murió con 969 años. Obviamente, Matusalén no vivió tanto y la confusión sobre su edad se debe a un error de cálculo entre ciclos solares y lunares, que dejan su marca de longevidad en 72 años, una cifra elevadísima para la época.

En cualquier caso, su figura se asocia a la de aquellos seres vivos cuya longevidad supera la esperanza de vida media de su especie. Es el caso del árbol más viejo del mundo, un pino de 4.700 años situado en el bosque Great Basin Bristlecone, en California. Está considerado el organismo con vida no clonado más antiguo del mundo y su nombre es, evidentemente, Matusalén.

A mediados del pasado siglo, dos expertos en dendrocronología, Edmund Schulman y Tom Harlan, dictaminaron que aquel pino tenía 4.789 años. Posteriormente, un estudio más reciente ha elevado la edad de Matusalén: entre 4.843 y 4.844 años.

Para que te hagas una idea de su edad, este árbol legendario ha sobrevivido al ascenso y caída de los egipcios, al Imperio Romano, a la Edad Media, a la Revolución Francesa, a las dos guerras mundiales y todas las crisis económicas que recuerda el ser humano.

Matusalén debe su longevidad al lugar en el que ha crecido, una antiquísima pineda situada entre 3.000 y 4.000 metros por encima del nivel del mar, pero también a los esfuerzos conservacionistas. La zona sólo se abre al público entre mayo y noviembre y ninguno de los árboles más antiguos está marcado. Así, nadie, salvo los expertos,  sabe quién es nuestro pino favorito y está a salvo de atentados.

Que viva Matusalén. Que viva muchos años más.